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niños discapacitados

A diario muchos niños y niñas con algún tipo de discapacidad acuden a clase en colegios ordinarios para recibir una educación. En estos centros comparten pupitre con compañeros sin discapacidad. Los caminos de todos ellos, en la teoría, deberían ser parejos, en cambio, se complican para los primeros, que además de sortear numerosas barreras físicas deben burlar los obstáculos que no se ven, es decir, los prejuicios humanos que ralentizan su paso, frenan sus sillas de ruedas y entorpecen su progreso. Es inevitable que la duda planee entonces en el ambiente: ¿es bueno incluir a alumnos con y sin discapacidad dentro de una misma aula?

Ser diferente no equivale a ser inferior 

Inclusion-niños

Antes de llegar a cualquier tipo de conclusión, es importante tener en cuenta que considero fundamental la labor que se hace en los centros de educación especial. Éstos son necesarios para muchos alumnos cuando el caso en cuestión lo requiere y los profesionales y la familia así lo consideran.

Pero, ante la duda de si un niño con discapacidad puede acudir o no a un centro ordinario es conveniente recordar que la educación y el acceso a bienes y servicios son un derecho― y no un privilegio― para todos, también para los niños/as con discapacidad.

El sistema educativo debe tener en cuenta y atender a los diferentes tipos de personas, los distintos ritmos de aprendizaje, de capacidades, de intereses, de situaciones sociales y/o personales, y a todos ha de dar respuesta; precisamente porque no todos tenemos que ser iguales, tampoco los niños con discapacidad, ya que cada persona es única.

Lo que sí debe garantizar el sistema educativo es la posibilidad de que cada individuo alcance su máximo potencial en todas las dimensiones que lo conforman, partiendo de sus capacidades únicas, como única es cada persona, ya que no solo somos el resultado de un cociente intelectual. Cada uno hasta donde alcance. Debemos pararnos a pensar que ser diferente no es equivalente a ser inferior.

Beneficios múltiples de incluir en un mismo aula niños con y sin discapacidad

Incluir niños con discapacidad

En este sentido concibo la inclusión como un camino de ida y vuelta. Me explico. Está demostrado que cuando un niño con algún tipo de discapacidad acude a un centro ordinario y entra en contacto con niños y niñas de su edad, en un entorno y un contexto normalizados, los beneficios son tremendos.

El progreso es evidente en diferentes campos: estimulación en lenguaje expresivo y comprensivo, estimulación motriz, desarrollo intelectual, control conductual (aprendizaje por imitación). El contacto con sus iguales posibilita estos avances, los hacen progresar, los motivan, los estimulan y con todo ello crecen.

Ahora bien, hecho el camino de ida, queda hacer el de vuelta. Los niños y niñas que no tienen discapacidad observan, mediante el contacto diario en clase con sus otros compañeros, que éstos tienen que hacer más esfuerzo que ellos para llegar a objetivos similares o incluso más bajos. Pese a ello, no se frustran ni abandonan con facilidad, sino que intentan superarse, a ser posible sin perder la sonrisa; no se rinden, luchan, no se conforman y en la medida de sus posibilidades progresan, en algunos casos conviviendo con el dolor.

En estas clases se dan situaciones espontáneas que surgen entre ellos de manera natural: se ayudan, se solidarizan, se ponen en el lugar del otro y además llegan a la conclusión de que, aun habiendo cosas que sus compañeros con discapacidad no pueden ni podrán hacer, hay muchas otras que sí, si no igual que ellos, de manera diferente. Pero, ¿acaso a todos se nos da bien hacer todo? El resultado es que la toma de contacto con estos compañeros (con discapacidad) les reporta una serie de aprendizajes y de valores que suelen ser un privilegio y, por qué no, también un derecho.

Puedo asegurar que, por lo general, las clases en las que hay algún niño con discapacidad suelen ser clases más unidas, con un ambiente especial, seguro que más maduras y notablemente más solidarias, más generosas y sobre todo más humanas.

Por eso tengo la certeza de que la inclusión debe ser un camino de ida y vuelta, en donde el resultado final es el beneficio mutuo y que, de plantarse alguna cuestión cabría preguntarse: ¿Quién sale más beneficiado en ese proceso?

Fuente: Guía Infantil

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