Una de las principales preocupaciones en el aula, es la presencia de algunas conductas que pueden ser muy interferentes con la dinámica que tenemos en ella y con los objetivos que pretendemos alcanzar; muchas veces ya tenemos incluso ciertas etiquetas para denominarlas, tales como: “problemas de atención”, “problemas de conducta”, “hiperactividad”; e incluso se han empezado a utilizar otros términos con mucha ligereza como “es un buscador sensorial”, “tiene problemas con el procesamiento sensorial”, etc. Más allá de los términos diagnósticos, los mismos que deberán ser utilizados por los especialistas luego de una exhaustiva evaluación especializada; nos interesa poder identificar las conductas que son interferentes, evaluarlas dentro del contexto y atenderlas de forma inmediata.

En principio debemos entender que no se trata de un conjunto de tips lo que nos interesa aprender, sino un conjunto de estrategias basadas en evidencia, es decir que han sido estudiadas y cuya eficacia ha sido comprobada y aprobada por la comunidad científica, en este caso, nos referimos a las estrategias provenientes del análisis conductual aplicado, único planteamiento teórico que hasta hoy en día ha demostrado cumplir con los criterios que se proponen para una ciencia, ya que como lo plantea Vargas (2009), cuenta con un “sistemático estudio de las relaciones entre los eventos”, además de que “es capaz de formular leyes y explicar a través de ellas, el por qué algunos eventos o conductas específicas ocurren”, permitiéndonos incluso anticiparnos y usar dichas leyes justamente para modificar conductas que consideramos problemáticas.

El principio más importante que parte del análisis conductual aplicado, es que las conductas son aprendidas y su aparición, mantenimiento y desaparición dependen de los eventos que la rodean antes, durante y después. Por esta razón es que son muy importantes las características de la profesora o asistente del aula, su capacidad de sistematización, su autorregulación, su trato, su capacidad para organizar las actividades, su manejo del entorno, etc. Es así que podemos observar algunas aulas muy bien organizadas cuyos estudiantes se comportan en su mayoría de acuerdo a las expectativas del profesor, mientras otras pueden ser por el contrario muy ruidosas y desorganizadas, siendo, en consecuencia, difícil desarrollar una clase, no importando el tipo de actividad que se pretenda realizar. De aquí podemos ya desagregar algunas características importantes dentro de una clase que el docente debe tener bajo su control con el fin de promover conductas adaptativas para aprender:

  • La dinámica de la actividad (debe ser motivante, organizada y clara).
  • La actividad debe además ser potenciadora de la participación constante del estudiante para apropiarse del conocimiento y no ser un mero receptor de información.
  • Una clara secuencia de actividades, programada adecuadamente por el profesor y que debe considerar algunas más agradables que se presentan inmediatamente después de otras más exigentes.
  • Un conjunto de normas planteadas en conductas esperadas que deben ser reforzadas de forma continua o intermitente (Ej. En lugar de decir “no interrumpir” podríamos poner la norma “levantar la mano y esperar en silencio para participar”).
  • Una rutina clara, que los estudiantes deben conocer, así como las conductas que se espera de ellos en cada parte de la actividad (Ej. Si tenemos una actividad que implica leer en grupos un cuento, luego participar todos juntos contando una parte o representándola con títeres o con un juego de roles y finalmente realizar una hoja de trabajo en base al cuento; entonces, necesitamos que los estudiantes sepan que habrá 3 actividades y qué se espera de ellos en cada una de estas)
  • Uso de pistas o ayudas que permitan a los estudiantes recordar lo que se espera de ellos (horarios visuales o escritos, normas presentadas visualmente, recordatorios en sus carpetas, etc.)

Basándonos en estas estrategias no tiene sentido el mito común que dice que: “los problemas del estudiante en el aula son causados por un inadecuado manejo de los padres en casa”; ya que si bien es cierto, la crianza implica un trascendental aprendizaje, debemos saber que “una vez que el estudiante ingresa a nuestra aula de clase, sus aprendizajes conductuales a partir de ese momento dependen de los adultos presentes en esa aula de clase”.

En nuestro próximo artículo ampliaremos más esta información y hablaremos de las estrategias antecedentes teniendo en cuenta un conjunto de estrategias positivas de atención de las conductas problemáticas en el aula.

Bibliografía

Vargas, J. (2009). Behavior analysis for effective teaching. New York: Routledge

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