Los niños usan los berrinches como una herramienta para obtener lo que quieren y muchas veces la reforzamos sin darnos cuenta.

Desde el instante en que los niños nacen ya comienzan a aprender respondiendo a  las caricias y la voz de mamá, aprenden a gatear, caminar, correr, pensar, escribir, etc. Y sobre todo a cómo relacionarse con su entorno según sus necesidades para vivir su dia a dia. Todo este proceso de aprendizaje lo podemos llamar “Aprendizaje  social” el cual se va desarrollando de manera  progresiva, donde cada niño observa, piensa, hace lo que se le permite, lo que se le prohibe y lo que se le obliga.

En este continuo aprendizaje se producen las conductas erróneas que no son deseables, como los berrinches, rabietas, ansiedad, timidez, etc. Son a lo que muchos llaman “Conductas Problematicas”, los niños no nacen con ellas, sino que las aprenden de modo intencional, sistematico y por imitacion, que usualmente no han sido corregidas de manera adecuada, ya que sin darse cuenta muchas veces los demás refuerzan.

Es importante saber que la conducta es conformada por un antecedente, conducta y respuesta, un claro ejemplo es cuando el niño quiere que le compren un juguete pero la madre se niega (antecedente), el niño hace una rabieta (conducta) y la madre con el fin de que deje de llorar le termina comprando el juguete (respuesta). Esta actitud dada por la madre refuerza la conducta del menor y da pie a que en otra situacion similar el niño tome esta conducta como herramienta para conseguir lo que quiere.

¿Pero que podemos hacer o cómo podemos ayudar a que los niños cambien dichas conductas por otras?, para ello es muy necesario que los adultos reconoscan y cambien la respuesta que dan ante las conductas del niño. A partir de esto, los adultos estaremos en condiciones de hacer todo lo posible para que los niños DESAPRENDAN dichas conductas y adopten otras positivas según lo deseable para la edad y el entorno del niño.

Así como existen dichas “conductas problematicas”, hay conductas positivas que no deben ignorarse, sino demostrar al niño que las valoramos y reconocemos estas conductas, reforzandolas con halagos, con sorpresas o premios, los cuales incitan a que estas conductas positivas se puedan incrementar y seguir repitiendo.

“Si una conducta se aprende, también podemos enseñarles a cambiarla”.

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